Envejecer no es madurar. Prueba de ello es que algunos envejecen precozmente, mientras otros se hacen adultos sin haber madurado. Puede comprobarse, que incluso a edades avanzadas, hay quienes se mantienen jóvenes y activos, y otros envejecen inactivos.
Parecería que la actividad, la capacidad de cambio, se relaciona con la juventud, en tanto la inactividad acelera el deterioro psico-físico. Autores como Monge analizaron este proceso, llegando a la conclusión que en esa actividad mantenida, resultaba fundamental la capacidad para adquirir y transmitir conocimiento.
Alguien que se mantiene abierto a adquirir nuevos conocimientos y a transmitirlos, es capaz de seguir madurando, y ello retarda su envejecimiento. Sobre esta premisa se funda la política de algunos países europeos, que promueven la incorporación de su población mayor a la educación de sus jóvenes. Las edades críticas de maduración
La mayor estabilidad y autonomía obtenida luego de la adolescencia, alcanza la llamada crisis de los 30 años , en que los ideales se confrontan con la realidad vivida, aunque con una mayor capacidad crítica, asentada sobre principios morales y sociales, que evita enfrentar la autoridad y las reglas pre-establecidas.
La crisis de los 40 afecta más a la mujer, pues el climaterio agrega factores biológicos; pero comparte con el hombre similares factores psicológicos. Ambos sienten el peso emocional de percibirse en la meseta del desarrollo, sabiendo que no tendrán nuevas oportunidades para experimentar lo que no hayan vivido. Pero su conducta se encuentra moderada sobre juicios más ponderados y serenos, fundados sobre la experiencia.
Personalidad, maduración y envejecimiento
La personalidad madura como resultado de adecuar el psiquismo al entorno socio-cultural, y en ese proceso, el envejecimiento aparece como una detención, no abrupta, sino progresiva.
En estas etapas sucesivas, se advierte que la mujer alcanza cada período más tempranamente que el hombre, en unos dos años.
En el transcurso de la vida, Remplein distingue diferentes períodos de maduración, según la edad en años: a) etapa prepuberal, entre los 10 y 14; b) pubertad, entre los 13 y 16; c) crisis juvenil entre los 15 a 17; d) adolescencia, entre los 16 y los 20; e) edad adulta temprana entre los 20 y 32; f) edad adulta media , entre los 30 y 44; g) edad adulta tardía entre los 42 y 58; h) tercera edad , entre los 65 y 75; i) cuarta edad a partir de los 75 y 80.
En la tercera edad comienza un lento declinar físico e intelectual que culmina con el envejecimiento. En este período, que es fijado por la Asociación Mundial de Geriatría a partir de los 65 años, se sigue un criterio fundamentalmente cronológico, determinado por la edad de la jubilación, fijada por las leyes laborales.
En la realidad individual, es posible que el envejecimiento se alcance antes o después de esta edad, según el proceso madurativo de la personalidad, que es diferente para diferentes personas. A propósito de ello, algunos han llamado la atención respecto a que no debería identificarse el término jubilación con edad de pasividad , sino de júbilo , de donde deriva.
La alegría no implica marginarse de la actividad social, sino poder transmitir la propia experiencia. Así se alcanzaría la plenitud de la madurez, en la cuarta edad , cuando se aprende a recibir de los demás, lo que éstos han aprendido.
Madurar sin envejecer:
De igual modo a como en la adolescencia la vida parece transcurrir más lenta, porque se pone la mirada en el futuro, a los cuarenta años, al mirar el pasado, ocurre lo contrario. En la tercera y cuarta edad, parecería que fuese más precisa la apreciación del tiempo, porque se asumen y transmiten las experiencias pasadas, de éxitos y fracasos, individuales y colectivos. Pero la maduración, no consiste sólo en la experiencia de las vicisitudes vividas, sino en la capacidad de proyectarse al futuro, transmitiendo estas experiencias a otros, para que mejoren la calidad de sus respuestas.
Está también allí, la capacidad para interpretar y transmitir los ideales y valores de la comunidad. El envejecimiento consiste en la pérdida de las habilidades adquiridas, de la propia autonomía. Pero esta etapa se retrasa, cuando se alcanza el mayor grado de maduración, que consiste en aprender a aceptar el sostén de los demás, asumiendo las propias deficiencias. |