En 1988 el Dr. G. Reaven describió el síndrome metabólico como afección frecuente que afectaba a personas presuntamente sanas, determinando un elevado riesgo para desarrollar diabetes, hipertensión arterial, dislipemia y enfermedad vascular (ateroesclerosis) a edades más tempranas que el resto de la población.
Las enfermedades futuras aún no tenían expresión clínica, pero esta entidad como todo síndrome, contaba con un conjunto de síntomas y signos que se relacionaban con una alteración del medio interno (metabolismo), que culminarían con las lesiones vasculares que producen infartos cardíacos y/o cerebrales.
El síndrome se caracteriza por la presencia de dos o más signos:
1. alteración en la regulación de la glucosa, cuando en ayunas supera 110 mg/dl., o bien es mayor de 140 mg/dl a las dos horas de ingerir glucosa. 2. resistencia a la insulina. 3. hipertensión arterial superior a 140/90 mmHg. 4. dislipemia con triglicéridos que superan 150 mg/dl. con colesterol HDL (colesterol bueno) menor a 40 mg/dl. 5. obesidad con índice de masa corporal (peso/talla2) mayor de 30, o un índice cintura/cadera mayor de 0,9 y 0,85 respectivamente en el hombre y la mujer. 6. albúmina mayor a 20mg/l en la primera excreción urinaria.
La OMS considera necesario para diagnosticar el síndrome metabólico la presencia de uno de los dos primeros factores (criterios mayores), más dos de los cuatro últimos.
La importancia del diagnóstico precoz
Debe identificarse la población que sin saberlo está sufriendo alteraciones subclínicas en su organismo, pues posteriormente se manifestarán clínicamente cuando la enfermedad ya de encuentre constituida.
Antes de ello se sienten sanas y desconocen el trastorno que padecen; pero es en este momento cuando deben tratarse para evitar que en etapas ulteriores alcancen importantes limitaciones en su calidad de vida.
Actualmente, gracias al desarrollo tecnológico pueden realizarse fácilmente y a relativo bajo costo, estudios que permiten detectar tempranamente signos subclínicos, bioquímicos, que traducen los criterios mayores del síndrome.
Las determinaciones en sangre de glucosa son de bajo costo, y la resistencia a la insulina puede llevarse a cabo si está justificada cuando se sospecha por otros parámetros. El costo-beneficio de estas determinaciones se justifica por el futuro ahorro de exámenes y medicación en etapas ulteriores.
Un problema cultural asociado
El tratamiento temprano encuentra una gran dificultad cultural en la población de riesgo. Se relaciona con considerar inaceptable la necesidad de prevenir una enfermedad mientras no se padezcan síntomas causados por ella.
Esta tendencia, que tiene lugar en todos los usuarios de los servicios de salud, se observa especialmente en la población joven, que tiene mayor dificultad para asumir que pueden enfermar cuando se encuentran sanos.
La misma tendencia se observa en la población fumadora y en la de los obesos, que persisten con sus hábitos pese a la información que reciben. Sobre todo durante la década de los 30 años se prosigue ganando peso, mediante dietas hipercalóricas y hábitos sedentarios.
Ocurre lo mismo que con el tabaquismo, que sólo se toma conciencia del daño tardíamente, cuando los efectos son más difíciles de manejar.
Los criterios considerados menores en el síndrome metabólico
Los criterios diagnósticos considerados menores por la OMS pueden no serlo desde el punto de vista de la prevención. No hay duda de que si se controlan y se revierten, por ejemplo la obesidad y la hipertensión, se consigue prevenir el avance del síndrome.
Aunque la obesidad y las cifras tensionales elevadas no causen por el momento otro tipo de trastornos, ni comprometan significativamente la calidad de vida, traducen que hay algo que no funciona bien en el organismo.
En este momento es necesario completar el estudio, y si se confirma el diagnóstico de síndrome metabólico, deben iniciarse las medidas de control médico periódico y tratamiento.
El tratamiento
Si bien existen drogas específicas para tratar la resistencia a la insulina, las medidas de tratamiento se relacionan fundamentalmente con cambios culturales que modifiquen actitudes y hábitos.
Cultura implica cultivo, reiteración de acciones (hábitos) en procura de un objetivo. En este caso el hábito a cultivar es sentarse a la mesa con suficiente control para escoger una porción más chica de alimento y para evitar servirse de nuevo; y de ser posible, eligiendo los alimentos menos grasos e hipocalóricos.
El ejercicio es otro hábito imprescindible para revertir el síndrome metabólico, por ejemplo, caminar entre 30 y 60 minutos diarios.
Debe tomarse conciencia que no alcanza con visitar al médico cada 3 meses y tomar la medicación indicada: debe controlarse la dieta hipercalórica y el sedentarismo. |